Trigonometría, de Antonio Izquierdo
En clase de Matemáticas cuando por primera vez dimos Trigonometría, las aburridas clases se volvieron muy agradables, oía al profesor hablando de senos, y cuando mi mente estaba muy centrada en los senos y escuchaba eso de los cosenos, pensaba: sí, empieza por co, pero para mí no termina igual. Él proseguía su clase hablando de coger el miembro y operar con él, yo miraba el miembro y ahí estaba un seno al cuadrado, me costaba pensar en un seno cuadrado, en un principio sólo pensaba en senos redondos pero con un poco de imaginación, y de eso nunca me faltó, conseguí hacerme una idea de cómo sería un seno cuadrado. Ya había oído algo de tener los huevos cuadrados, pero, ¿un seno cuadrado?, ni en las películas de ciencia-ficción, esas que salen mutantes y marcianos había visto nada parecido. Cuando hablaba de tangentes, me decía para mí: no te salgas por la tangente y sigue con los senos y cosenos, que no decaiga la orgía de números. Los demás de mi clase no parecían muy interesados por el tema. Pobres ignorantes, no podían ver el trasfondo sexual de la trigonometría. Me sentía un privilegiado, un portento, el único que podía leer entrelíneas las fórmulas matemáticas.
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Antonio Izquierdo
Rota (Cádiz)
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Relato extraído del libro Ideas Encontradas
Relato extraído del libro Ideas Encontradas
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