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miércoles, junio 01, 2005

Aníbal Crespo Ross

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Mírame sin piedad


I

Lejanas,
Inasibles,
Arden esas nubes
Es el ocaso

Sangrando sin una queja
Soberbia
Muere la tarde.
Algo dentro de mí también muere
Es el ocaso

Montada en las sombras
Invades mis dominios.
Ellas nacen para la noche,
Tú naces para mí
Es el ocaso aún.


II

Por mucho que duela
La profunda herida nueva
Abriéndose en el alma,
El celaje es más hermoso
Con el último resplandor
Cautivo en tus ojos.


Mírame sin piedad
Cautívame hasta la muerte

También en este ocaso.


III

Como la luz
Huyes por todas partes,
Como el ocaso huyes
Y no puedo detenerte


Ya eres bruma de aromas,
Reguero de recuerdos,
También en este ocaso

Y gritar cuánto te quiero no basta.


IV

Llega la noche
Como llegaste tú a mis fronteras desguarnecidas
Silenciosa y definitiva

Borran las sombras
El límite entre el monte y el sendero.
Mi amor se expande como las sombras
Tampoco existe límite para este amor

Luminosa, callada, velada,
La noche se parece a ti

Casi a ciegas voy por el sendero
Y gritar cuánto te quiero no basta.


V

Por el sendero que desaparece
No sé si camino o vuelo,
Oigo tu voz:
Aún perdura.


Veo tu figura ensombrecida
Suspendida entre la tierra y el cielo,

Aún me tortura.


Por el sendero
Tarde, muy tarde,

Comprendo cuánto te quiero.


Aníbal Crespo Ross
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¿Qué se propone uno con la literatura?
Enseñar a la mosca a escapar del frasco (parafraseando a Wittgenstein). De todo laberinto se sale por arriba (Leopoldo Marechal)