Frankenstein
Vuelvo a la lectura de Frankenstein, el moderno Prometeo. Delicioso. Un antecedente extraño de la genética y sus clones artificiales.
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Tampoco hemos caminado mucho desde Agrippa y Paracelso, lo peor: los hemos olvidado. Eso sí, ahora tenemos niños-soldado, niños-rata, niños-bomba, SIDA (qué empeño en la puta gripe aviar y qué vergüenza el SIDA, les da igual porque no son europeos los que acababan con el cuerpo reventado) y, por supuesto, tenemos una sociedad psicótica mirando la televisión. El nuevo Frankenstein es capaz de nacer con vocación política. Al tiempo.
IHB
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