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lunes, septiembre 11, 2006

Ajedrez y Patafísica


"...un mundo donde te movías como un caballo de ajedrez que se moviera como una torre que se moviera como un alfil". (Julio Cortázar. Rayuela)
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Cuando el gran escritor español Fernando Arrabal habló ante el Colegio de Patafísica hace algunos años para agradecer su nombramiento como Sátrapa, hizo hincapié en algo que la mayoría de los miembros no se había dado cuenta: que muchos de los sátrapas nombrados por el Colegio desde su creación en 1949 habían sido jugadores de ajedrez; y muy buenos jugadores, no simples jugadores de café: Boris Vian, Eugene Ionesco, Marcel Duchamp, Raymond Queneau, Max Ernst, Tristan Tzara... Y ahora él era nombrado, que también jugaba al ajedrez. “¡Ya es casualidad!”, proclamó.


El término “patafísica” fue inventado por el escritor francés Alfred Jarry, una persona muy poco convencional que murió en 1907 a los treinta y cuatro años de edad, en la indigencia y estragado por el alcohol. Hasta mediados del siglo XX, la figura de Jarry no se tomaba demasiado en serio, y más bien iba unida a la excentricidad y a lo pintoresco, como sacado de la farsa con la que logró cierta fama, “Ubú rey”. Jarry empleó por primera vez la palabra “patafísica” en “Ubú cornudo”, pero donde desarrolló el concepto fue en “Gestos y opiniones del dr. Faustroll, patafísico”, novela publicada en 1911, cuatro años después de su muerte. Esta novela relata el viaje de Faustroll por un París que no es París, como ocurre cuando soñamos con algo que a la vez no es. Acompañan a Faustroll en este viaje un mono Papión y el embargador de su casa, ya que el doctor tuvo que abandonarla por no poder pagar el alquiler –lo mejor que le pudo haber pasado nunca, según el doctor-. Solamente no pudieron embargarle, por imperativo legal, su cama de doce metros, con la que emprende la navegación por el París mágico que dibuja...


Juan Antonio Montero
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4 Absolu 134 E.P.
¡Cuatro días más allá de la natividad de Alfred Jarry!
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¿Qué se propone uno con la literatura?
Enseñar a la mosca a escapar del frasco (parafraseando a Wittgenstein). De todo laberinto se sale por arriba (Leopoldo Marechal)