H. G. Wells y La Ciencia de la Vida
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2ª y última parte
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Revisando el índice nos encontramos con una vasta representación los los temas habituales de la biología, pero con partes y capítulos que los ojos leen con delicia y no son frecuentes; hoy sería hacerse cruces, encontrar entre los empeños mentales de los científicos algunos ocupados que estuvieren en estas materias enjundiosas. Así, la obra en dos tomos, está formada por 4 libros para el primero y 5 para el segundo, nueve en total. Más allá de las cuestiones tópicas de definición de la vida, zoología, fisiología y anatomía, evolución, etc., en el segundo tomo encontramos todo un capítulo dedicado al cerebro humano (capítuloV.- El cerebro culminante) y al córtex (capítulo VI.- La corteza y sus funciones), además del uno dedicado a la mente y la conducta del hombre (capítulo VII) y en el capítulo VIII, titulado “Modernas ideas de la conducta”, se tratan temas como: la conducta de la vida, la personalidad que dirigimos, los deberes biológicos fundamentales, el conocimiento de sí mismo, sinceridad, sujeción y equilibrio, y evasión indolencia y miedo; en el peculiar capítulo IX, que se titula “En la frontera de la ciencia: la cuestión de la supervivencia personal”, se nos habla de la teoría del cuerpo-alma-espíritu, interpretación de los sueños y telapatía, clarividencia, espiritismo y telequinesis, materialización y ectoplasma, mitología de la vida futura y, finalmente, supervivencia de la personalidad después de la muerte.
El libro IX, por lo que pronto se dilucidará, “Biología de la raza humana”, se integra por dos capítulo : Capítulo I.- Peculiaridades de la especie Homo sapiens (i.e: 1. Fuego, herramientas, lenguaje y economía, 2. Orígenes del Homo sapiens, 3. Primeras variedades de la vida humana y 4. Desarrollo dela vida social) y Capítulo II.- La fase actual de la asociación humana (i.e:1. La tradición religiosa, 2. El ocaso del tradicionalismo, 3. La abolición de la guerra, 3. El cambio en la naturaleza de la educación, 5, La multiplicación de la especie humana, 6. La energía superflua del hombre, 7. Una mente y una voluntad colectivas y 8. El domino de la vida), tendría un gran impacto en el ámbito intelectual y social de la época, especialmente en Estados Unidos y en aquél mundo de los americanos viejos que inmediatamente habremos de visitar por mediación de uno de sus ilustres no afamados in suo tempore, pero de recuerdo inmarcesible. Cada obra, cada disciplina tiene un perfil marcado por su tiempo y en ese contexto se la ha de entender; por ello, si buscamos capítulos como los indicados en una obra actual, magnífica, e ingente de la disciplina como la Biología de Eldra Pearl Solomon, (el contenido acaba, como es habitual en el Ecología, la ciencia que estudia la relación del ser vivo con el medio ambiente, viviente y no viviente) vemos que se excluyen temas que, en otro tiempo, formaban parte de la común preocupación de muchos sabios y que trataban de integrar y de dar explicación en sus respectivas disciplinas. De hecho, estos temas hace mucho que se han dispersado en ámbitos culturales distintos y divergentes, de muy difícil conciliación. Por eso, un libro que adune razonablemente saberes tan fundamentales, resulta, como poco, de agradecer. Lo malo es que, a menos que medie un duendecillo de la fortuna y un impagable librero de viejo, incluso los propios biólogos e historiadores y filósofos de la ciencia de la vida –y de la ciencia en general- no podrán deleitarse con estas maravillas.
No en vano supra hablamos de la raza e hicimos énfasis en el capítulo atingente de la Ciencia de la vida de Huxley, Wells y Wells. Al hablar de un insigne americano hacíamos referencia al abuelo Theobald, tal como se llamaba a sí mismo normalmente en las relaciones amicales, H. P. Lovecraft. Sabidas son sus adacciones, casi hasta sus últimos años, a ideas ultraconservadoras, comunes en los norteamericanos viejos de su época, que le hicieron ver con simpatía a figuras como Hitler y Mussolini. Sus desaforadas críticas para con las razas que no fueran las “arias”, contradecían desorbitadamente su trato habitual, amable y sencillo, con personas de menor clase y condición, y con aquellas que, sobre el papel, escarnizaba de modo escandaloso, especialmente a las personas de color. Poco a poco, con el tiempo, y no solamente por los años, estas actitudes e ideas fueron cambiando (creo que representaron poco cosas más que una pose de clase): Lovecraft, creo que nadie lo pondrá en duda, era ante todo un caballero y una buena persona.
En efecto, hacia finales de 1933 (le quedaba poco para la muerte, aunque él no fuese consciente), las críticas de Lovecraft hacia Hitler y al fascismo se hicieron severas. Además de los despropósitos de los nazis y de los fascistas, este cambio estuvo motivado por sus lecturas, como Aquí no pasará (1935) de Sinclair Lewis . Otra influencia muy notable, vino de la popularización de las ciencias biológicas en su tiempo, destacando la obra que comentamos en este capítulo , “La ciencia de la vida” de Julien Huxley, H.G.Wells y G.P.Wells (1929-1935), libro que vernon Shea, un amigo le había prestado en 1935, que, en propias palabras de Lovecraft, fue “el libro más importante que he leído en años”, libro que leyó y releyó con pasión, y que derribó, de una vez por todas, el mito ario, con una sólida refutación.
A saber:
“En primer lugar no existe “una raza aria” pura. Solamente hay grupos de gente de muy diversa cepa que hablan lenguas de tipo ario... En segundo lugar, no existe una “raza judía” pura. El término judío denota una comunidad de determinada tradición religiosa y seminacional en la que hay implícita cierta descendencia común. Pero los judíos mismos son de origen marcadamente mezclado... En tercer lugar, la raza nórdica, a la que tanta importancia política se la ha dado, no existe en parte alguna en un estado que se acerque siquiera a la pureza. En Alemania, por ejemplo, los genes nórdicos están muy mezclados con los alpinos y, en menor medida, con los de procedencia mediterránea, y también ha habido cierta infiltración de rasgos mongólicos del Este... En cuarto lugar, los nórdicos no han sido responsables, como se pretendía a menudo, de los grandes avances de la historia humana. El mayor de todos, de la barbarie a la civilización... lo dio en el Cercano Oriente, probablemente el tipo de gente mediterránea de pelo oscuro; desde luego, no el tipo nórdico alto, de pelo rubio y ojos azules".
En suma, genéticamente somos una combinación en la cual no hay quien se aclare, pero sí podemos hablar de tradiciones culturales y lingüísticas. Estos asuntos, para la mayoría de la gente culta y razonable quedan claros. H.P. Lovecraft leyó la edición de 1934 (Wells, Huxley & Wells: The Sciencie of Live, New York, Garden City. En la edición española figura Huxley como primer autor. Y es de M. AGUILAR EDITOR.).
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Salvador Alario Bataller
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