I Premio de Relato mínimo diomedea
Sin duda, considero que el mayor premio que he recibido hasta hoy ha sido el que aquí enlazo y del que he resultado, con sorpresa, ganador. Dejando a un lado chucherías (golosinas monetarias pero sólo eso), lo que prestigia a un premio es el jurado, quiénes lo componen. Y su honradez. Y si me siento orgulloso de este Conjunto Mandelbrot que vino a mí en un día dichoso, es especialmente por quién organizó el premio y cómo. Os animo a participar. Un abrazo a todos los finalistas y escritores. Desde la bitácora de Sergi Bellver, el acceso al paraíso diomedea.

CONJUNTO MANDELBROT
MANDELBROT, EL CIENTÍFICO, no puede conciliar el sueño. Se dice convencido: las nubes no son esferas, las montañas no son capirotes, los litorales no son circulares y los ladridos no son suaves. Luego lo escribe en un papel. Por lo tanto, concluye, la geometría fractal supera «en esencia y fondo» a la euclidiana. Con cuidado, destapa el cuerpo de su mujer, que duerme sin conciencia y a pierna suelta a su lado. Le sube el camisón y analiza con lupa y medidas exactas su «elemento íntimo». Es un plano complejo, repite. Y lo saborea con cuidado, procura que no despierte. Investiga con tacto y criterio, separa los pliegues y lo enfoca con la lámpara de la mesita de noche. Un número infinito de escalas, se dice. Y se asoma al abismo del gran enigma, intenta avanzar entre las fractales que se le representan. Cuando su mujer despierta, Mandelbrot ha desaparecido. Tan sólo sus instrumentos científicos a los pies de la cama. Y aunque ella se encuentra ciertamente pesada esa mañana, atribuye su hinchazón al frío y la humedad de esa maldita ciudad.
Iván Humanes Bespín, 2007
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