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jueves, febrero 28, 2008

(12) Acedia


Es la acedia pecado capital perezoso: la novela reposa. Pecar de acedia es mirar los otros pecados desde el relajo, distancia que los hace a todos menores; pues es demasiado cansado el intentar pecar una vez has conseguido el estado de pereza supremo. Acedia es mirar las horas muertas del reloj pasando en un intento vano de estirar el tiempo. Acer, acris, acre o acerbum portan la acedia en la raíz, el gozo y la dulzura se entierran y la tristeza (acre lágrima) brota descompasada, melancólica. ¿Es el vagabundeo del espíritu la pérdida de la vida moral? No. Es el vagabundeo una nueva forma de entender la relación espiritual: la pereza evita el actuar, y no hay nada más desesperante que el “acto humano”. Si el mundo se dejase llevar (pues es el “dejarse llevar” el camino correcto), el no-acto desintegraría la sociedad. O más bien, la integraría en la pereza común. Y al menos ya estaríamos de acuerdo en algo. Un algo ante todo pacífico. Eso sí, nuestro acuerdo no sería consensuado, no sería comunicado de forma pública: el intento de hacer de la acedia el mal capital global ya iría en contra de esos principios. Como el hecho de seguir escribiendo esta nota. Lo mejor es abandonarse en el sofá, o en la cama que un día Onetti eligió pensando en estas cosas. Y dejar que otros concluyan lo que uno ha iniciado.

Nota para matemáticos:

¿Qué se propone uno con la literatura?
Enseñar a la mosca a escapar del frasco (parafraseando a Wittgenstein). De todo laberinto se sale por arriba (Leopoldo Marechal)