Eloy Fernández Porta: El Homo Sampler aspira a ser dueño de su tiempo, lo que implica tanto como ser dueño de sí mismo y del mundo que le rodea. En la cultura mediática esa voluntad sólo puede ser definida como resistencia activa y creativa. El Homo Sampler es el sujeto que se resiste al uso oficial, convencional e imperativo del Tiempo. Tradicionalmente quien decidía actuar así lo hacía intentando situarse, en un sentido u otro, fuera de la temporalidad del mercado, sea por medio del retiro zen, del abandono de la urbe, de la misantropía o del viejo humanismo, que ya trae consigo una denegación del mundo del consumo. Pero esas opciones ya no nos parecen válidas; no hay un afuera del mercado. Incluso el anacoreta que vive en una cueva, alimentándose de bayas y bebiendo agua del río, es parte de la dinámica de mercado, aunque sólo sea porque existen planes hidrológicos que consienten que los ríos sigan fluyendo. Así que la única resistencia razonable consiste en interiorizar la lógica del mercado, y la del tiempo definido por él, hasta superarla. Esto lo hace la gente que usa los medios y sobre, todo, los metamedios, como instrumento crítico. En el libro propongo algunos ejemplos: el dj que apropia y descompone ritmos distintos, creando un tiempo que sólo existe a partir de su propia manipulación; el ladrón de bancos que coloca una filmación de la cámara acorazada en bucle, de modo que el vigilante sigue viendo la grabación, y no ve la cámara desvalijada; los hackers periodísticos que ponen en circulación una edición alternativa del New York Times; el activista que pide créditos, sin posibilidad de devolverlos, para editar una publicación contrainformativa. Todos ellos se han apropiado de alguno de los tiempos predefinidos (el de la canción, el de la vigilancia, el del periodismo, el tiempo del crédito bancario), han encontrado su punto ciego y a partir de él han elaborado su propio discurso y su propia acción.
Léela aquí.

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