9 abr 2014

El Tarot de los Bohemios





Gerard-Anaclet-Vicent Encause (1.865-1.916), con seudónimo Papus, potencia el ocultismo en las cartas del Tarot y asimila las letras del alfabeto hebreo a los veintidós triunfos, valiéndose de los grabados de Oswald Wirth, un famoso ocultista suizo, discípulo de Stanislas de Guaita. Papus fue doctor en medicina, cirujano, hipnotista y ocultista, sirvió en la corte del zar ruso Nicolás II, dirigió la Orden Masónica de los Martinistas y la Orden Cabalística de la Rosa Cruz, y fue uno de los últimos maestros de la escuela de Iniciados Franceses, siempre rescatando la astrología, el conocimiento antiguo y las tradiciones mágicas. Papus rechaza el materialismo pese haber vivido en el siglo XIX, pues esta forma de vida ya dio todo lo que era posible esperar de ella, y se inclina por la “Síntesis” como salida al atolladero en el que ha acabado el conocimiento. La India y Egipto están sembrados de restos preciosos, de una ciencia antigua, y en el capítulo primero de El Tarot de los Bohemios afirma que la característica dominante de la enseñanza en esa ciencia antigua era la “Síntesis”. Reunía en leyes muy simples la suma de todos los conocimientos adquiridos: se daba en los templos bajo el nombre de misterios, el sabio era el sacerdote, la ciencia era oculta.

“Sin embargo, cuando los iniciados presintieron que se aproximaba el momento en el cual todos sus conocimientos quedarían definitivamente perdidos para la humanidad, apelaron a todos los medios imaginables para salvar a la Síntesis de la destrucción. Para ello se les ofrecía tres medios:
1. Las sociedades secretas, continuación directa de los misterios.
2. Los cultos, expresión simbólica de las elevadas enseñanzas, para el vulgo.
3. Los mismos pueblos, transformados en inconscientes depositarios de la ciencia” (cit. Papus).




Al estudiar los pueblos como esa esfera que debía guardar el conocimiento, concluye que los Bohemios son los que han conservado esa esperanza y la transmisión. Los judíos nos traspasaron todas las letras que forman el Sepher de Moisés, y el pueblo bohemio ha sido el que se ha encargado de transmitirnos de gene-ración en generación el conocimiento oculto. Han sido ellos, cuando los demás (masones, sacerdotes…) perdieron el esoterismo, los que nos han dado la clave para explicar todos los simbolismos. Según el Dr. Encause, los Bohemios tenían una Biblia, que además de permitirles divertirse, les facilitaba la vida y la predicción. Esta Biblia es un juego de cartas, el Tarot, y atribuye su origen a Thot, a Hermes Trimegisto. Es el libro de la revelación de las antiguas civilizaciones. Es el libro de la antigua iniciación como lo han demostrado Guillaume Postel, Court de Gebelin, Etteila, Eliphas Lévi y J. A. Vaillant.
Hay que hacer un inciso y recordar que fue el pastor protestante Court de Gébelin en el siglo XVII, en su enciclopedia Le monde Primitif, analysé et comparé avec le monde moderne, el que nos habló por primera vez de las características esotéricas de los arcanos, y es el que lo declara procedente de Egipto y establece la prueba de que la palabra Tarot significa “camino real” en lengua egipcia. Alphonse-Louis Constant (Eliphas Lévi), en el siglo XIX continuó el estudio y concluye que los 22 arcanos mayores están relacionados con el alfabeto hebreo, deja de lado los 56 arcanos  menores, se concentra en los arcanos de El Diablo y El Carro y asienta el análisis apoyado, por primera vez, por la Cábala. Luego será el cabalista Mathers el que nos hablará del significado oculto del Tarot (El Tarot para la Golden Dawn). Papus recoge esa creencia y modela un Tarot con personajes egipcios pero con conexiones cabalísticas hebreas. No obstante, se supone que el origen del Tarot es mucho más lejano a esas fechas, existen referencias en el siglo XIV y es posible aventurarse a una presencia ya en el siglo XI.
Son los Bohemios los que tienen las claves de la sabiduría y el juego con el nombre de Tarot (Torá, Rota) ha sido la base de la  enseñanza de los pueblos antiguos. Papus alerta a los Maestros, a los Rosacruces y a los Kadosch que aquél que tras las palabras misteriosas, tras HIRAM-INRI-(IOD-HÉ-VAU-HÉ), llegue a comprender alguna de estas, poseerá la llave que abre la tumba de Hiram, símbolo de la ciencia de los antiguos, y podrá penetrar en el corazón del maestro, símbolo de la enseñanza esotérica. 



El Tarot entero está construido sobre esta palabra dispuesta en forma de rueda: ROTA. Papus dice:

“TAROT, TORÁ, ROTA son las palabras que os indican a todos vosotros, orientales y occidentales, la unidad de vuestros deberes y aspiraciones en el Eterno Adán-Eva, fuente de todos nuestros conocimientos y creencias.”

En un primer momento, en El Tarot de los Bohemios se estudia el nombre sagrado y el esoterismo de los números, luego se establece la correspondencia con los arcanos mayores y menores y se adquiere una teoría general sobre el Tarot. 
IOD-HÉ-VAU-HÉ es el nombre sagrado, aquél que revela al mortal que descubra su pronunciación la clave de todas las ciencias divinas y humanas. Está compuesto por cuatro letras y su valor numérico es 26, suma de Iod (10) – Hé (5) – Vau (6) – Hé (5).
“Iod” es el principio de las cosas. La unidad-principio que es también la Unidad-Fin según los cabalistas pues la eternidad sólo existe desde un eterno presente. Es el principio activo. El yo, expresado numéricamente con el 10.
“Hé” el yo, opuesto al no yo y origen de la dualidad y de la oposición. Es el principio pasivo, expresado con el número 5.
“Vau”, sexta letra del alfabeto hebreo, el término medio, el que reúne el activo con el pasivo, la relación del Yo con el No Yo, expresado con el número 6.
Estos son los términos que expresan la Ley Ternaria del Absoluto, la siguiente “Hé” determina el paso de un mundo a otro, la transición. La trinidad es la fórmula (Iod-Hé-Vau) pero la se-gunda “Hé” señala la transición del mundo metafísico al mundo físico, y de un mundo cualquiera a su subsiguiente.
En los números, Papus adopta el concepto que se tenía en la antigüedad, considerando que la unidad es el término constante que interviene en la formación de la cantidad, el principio creador y activo de los números.

El 1 corresponde a iod y es activo.
El 2 a y es pasivo.
El 3 a vau y es neutro.
El 4 a , indica transición.

Son 78 las láminas totales del Tarot. Contiene 56 arcanos menores y 22 arcanos mayores. Bastos, copas, espadas y oros, con cuatro figuras dentro de los arcanos menores, el rey que es el activo, la dama el pasivo y el caballero el neutro. La sota sería lo que podríamos llamar la segunda “Hé”, un término de transición entre las cuatro figuras y los números. El Dr. Encause hace una correlación de numerología de tal forma que queda así para los arcanos menores:

Los 4 Reyes, los 4 ases, los 4 cuatros, los 4 sietes = Iod.
            Las 4 Damas, los 4 doses, los 4 cincos, los 4 ochos = Hé
Los 4 Caballeros, los 4 tres, los 4 seis, los 4 nueves = Vau
Las 4 Sotas, los 4 diez = Hé

Representado además el Basto el macho o el activo, la Copa el pasivo o la feminidad, la Espada la unión de ambos y el Oro la segunda “Hé”. La primera parte del libro se cierra con las relaciones numéricas entre los arcanos mayores y menores.
En la segunda parte cobran protagonismo los arcanos mayores, las 22 láminas. Cada lámina representa un símbolo diferente y una idea (aunque hay que indicar que en realidad podríamos consi-derarlas como 21 pues una de ellas lleva el número cero).  En esta segunda parte Papus nos acerca el simbolismo en el Tarot y su aplicación, recorre los orígenes de este simbolismo y dispone que El Tarot de Marsella es el más exacto desde un punto de vista simbólico, posiblemente con origen en un Tarot italiano de Venecia, padre de todos los juegos ulteriores; incluso se atreve a indicar que el Ars Magna, de Ramón Llull, fue deducido totalmente del Tarot. Ello supone que el Tarot representa la ciencia oculta en todos sus desarrollos posibles y es esta antigua ciencia la que nos da el juego: existen ciertos signos hieroglíficos primitivos, de los que se derivaron las letras hebreas. Precisamente el alfabeto hebreo está compuesto de veintidós letras que guardan un orden correlativo y tienen que ver con el número que ocupan.
Estos 22 arcanos podrían resumirse tal y como sigue (se explica lo que visualmente se representa en ellas y su significado), y siempre teniendo en cuenta que este Tarot está formado por figuras egipcias.

1-El mago.
Primera letra hebraica (Aleph).
Un joven mago de pie detrás de una mesa, con una varita mágica en una mano levantada. Principio dominador de la tierra. Una de sus manos señala la tierra y otra el cielo. Con una mano busca al demonio, con otra busca el cielo.  Delante del mago están colocados los cuatro símbolos del Tarot. Principio del Gran Todo: el activo y el pasivo. La Unidad-Principio. Iod. El creador divino.

2-La papisa.
Segunda letra hebraica (Beth).
Papisa sentada en un trono. Pasivo. Expresa todas las ideas de la primera lámina concebida negativamente: en la primera tenemos un hombre en pie, aquí una mujer sentada, bajo el pórtico de Isis. Es ella la que guía al Mago por los secretos de la verdadera Cábala, sus enseñanzas son ocultas. Eva. La mujer.


3-La Emperatriz.
Tercera letra hebraica (Ghimel).
Mujer sentada. Tiene alas. Aprisiona un águila con la mano derecha, en la izquierda lleva un cetro. En la cabeza tiene una corona de doce puntas. Acción de los dos primeros términos, que se neutralizan en este elemento nuevo. Se crea una entidad nueva, la segunda “hé”, la transición de una serie a otra. Elemento neutro. Espiritual. Equilibro Adán-Eva.

4-El Emperador.
Cuarta letra hebraica (Daleth).
El Emperador está de pie, se apoya sobre su trono. Lleva el cetro en la mano derecha, símbolo de autoridad. Un águila está a sus pies, debajo del trono, dominada. Fuente de crecimiento futuro. Signo de creación realizada según las leyes divinas. El poder y alma del Universo. Lámina complemento de la primera, de El mago, otro activo.

5-El Papa.
Quinta letra hebraica (Hé).
El Papa como iniciador de los misterios. Está sentado en las dos columnas, que son dos santuarios, con la mano derecha forma el símbolo del esoterismo y un par de adeptos le veneran. El aliento. La respiración. Idea de vida, idea de ser, de reunión. Iniciador de los misterios. La inteligencia. Complementa a La Papisa.

6-Los Enamorados.
Sexta letra hebraica (Vau).
Un joven está de pie, en la encrucijada de dos caminos. Dos mujeres, a la derecha y a la izquierda de él, le señalan las dos opciones. El camino del vicio y del castigo y el camino de la virtud. Encima de ellos, un querubín, el genio de la justicia tensa su arco, dirigido hacia ellos. El ojo, la luz y el resplandor. “Es la imagen del nudo que reúne o del punto que separa la nada del ser” (cit. Papus). Ideas de reunión o bien de antagonismo. El amor, la atracción universal.
Los arcanos anteriores conforman el primer septenario, la constitución de Dios.  En el segundo septenario (del arcano 7 al 13), tenemos a la izquierda El Carro, El Ermitaño y la Justicia, a la derecha La Rueda de la Fortuna, El Ahorcado y la Fuerza.

7-El Carro.
Séptima letra hebraica (Zayn).
Sobre un carro sostenido por cuatro columnas y tirado por dos esfinges, avanza un joven triunfador con un cetro en la mano. La letra Zayn expresa la victoria, el triunfador ha vencido y dirige a las fuerzas elementales (el carro). El nombre “Iod Hé Vau Hé” está representado en la parte delantera del carro. La realización. Reflejo del poder.

8-La Justicia.
Octava letra hebraica (Heth).
Una mujer está sentada de frente en un trono, representada con una espada en la derecha y una balanza en la mano izquierda. El equilibro en todas sus formas. La madre, la justicia, la existencia elemental y el equilibrio entre el bien y el mal.

9-El Ermitaño.
Novena letra hebraica (Teth).
Idea de protección, de sabiduría e introspección. “Un anciano camina apoyándose sobre un bastón; sostiene con la mano derecha una lámpara cuya luz se halla semioculta entre los pliegues del manto que lo cubre” (cit. Papus). El amor humano, la prudencia, el fluido astral. Recordemos que Eliphas Lévi creía que el iniciado se representa en el Tarot precisamente como El Ermitaño, que tiene la lámpara de Trimegisto en una mano (la razón ilusionada por la ciencia), el manto de Apolonio (la posesión completa de sí mismo que lo aísla del instinto) y el bastón de los patriarcas (el socorro de las fuerzas ocultas de la naturaleza).


10-La Rueda de la Fortuna.
Décima letra hebraica (Iod).
Rueda que gira sobre un eje. Encima de ella nos encontramos, en el centro, a la Esfinge en equilibrio. A la derecha, el genio del bien ascendente (Hermanubis). Y a la izquierda, el genio del mal descendente (Typhon). Idea de mando, de duración en el tiempo. Es la potencia mágica, la fortuna y la voluntad. La fuerza en potencia de manifestación. La necesidad y el karma de los hindúes.

11-La Fuerza.
Undécima letra hebraica (Caph).
            Idea de fuerza, de vitalidad. Un joven cierra o domina la boca de un león sin esfuerzo. Libertad, coraje, osado, vida pasajera.

12-El Ahorcado.
Duodécima letra hebraica (Lamed).
Un hombre está suspendido por un pie de una horca, soste­nida por dos árboles, cada uno de los cuales tiene seis ramas cortadas. Las manos del ahorcado están atadas a la espalda. “Mediante la acción de esta fuerza lo astral se realizará para pasar a lo físico, y también para pasar del mundo de la conser­vación y de la recepción (segundo septenario), al mundo de la transfor­mación (tercer sep-tenario)” (cit. Papus). Experiencia adquirida. Equilibrio.

El tercer septenario lo constituyen los arcanos que van del número trece al diecinueve, la muerte, el diablo, y la templanza están opuestos a la Casa-Dios, la luna y la estrella, en la parte derecha.

13-La Muerte.
Decimotercera letra hebraica (Mem).
Un esqueleto siega un campo con una hoz, de él salen cabezas, pies y manos cortadas. Idea de todo lo que es fecundo y capaz de crear, al evocar la letra hebraica Mem a la mujer. La creación necesita una destrucción previa. Destrucción que precede a rege-neración. Principio transformador universal.

14-La Templanza.
Decimocuarta letra hebraica (Noun).
El genio del sol pasa agua de un cántaro a otro sin verter ni una gota. Combinación de los fluidos. Producto de la mujer, hijo. Producto de cualquier combinación, de las fuerzas ascendentes y creadoras y de las fuerzas descendentes o destructivas.

15-El Diablo.
Decimoquinta letra hebraica (Samech).
El diablo, en la parte superior de la lámina, está sentado en un cubo que descansa sobre una esfera, dominando el espíritu. Fuerza destructora universal. El destino, el azar, la fatalidad. El diablo muestra la antor­cha encendida, símbolo de la magia negra y de la destrucción. Abajo y a los lados, Adán y Eva, de pie, están en posición pasiva, aceptando su destino.

16-La Torre.
Decimosexta letra hebraica (Gnaïn).
“Una torre cuyas almenas han sido destruidas por el rayo. Un hombre coronado y otro sin corona se precipitan al vacío, arras­trados por las ruinas. Uno de ellos reproduce la forma de la letra gnaïn” (cit. Papus). Destrucción divina, caída de Adán. El mundo visible. La torre es la columna del poder, todo exceso de seguridad conlleva peligro.

17-La estrella.
            Decimoséptima letra hebraica (Phe).
La palabra. El verbo en acción. Una joven desnuda vierte dos cántaros sobre la tierra, agua que corre, el fluido universal, sobre ella se representa la noche y el cielo estrellado. Símbolo de la inmortalidad, creación del alma humana, esperanza, renovación eterna tras la destrucción: el alma debe sobrevivir al cuerpo.

18-La luna.
Decimoctava letra hebraica (Tsade).
Un perro y un lobo aúllan a la luna. La carta está limitada por dos torres, un cangrejo sale del agua. Término. Meta. Caos. El cuerpo y sus pasiones, la materia. Habiendo pasado por la carta 17, en esta el espíritu ya se ha materializado. Y todos los animales se rebelan a esta introducción del espíritu en la materia.
            Según el Dr. Encause:

“Con el tercer septenario termina la involución, es decir el descenso del espíritu en la materia. Las tres últimas cartas del Tarot nos indicarán de qué manera las fuerzas emanadas progresivamente volverán a su principio común mediante la evolución.”

19-El sol.
            Decimonovena letra hebraica (Coph).
            La progresión del signo con las cartas anteriores ha sido:
El papa, arcano 5. La vida universal.
La Justicia, arcano 8. La existencia elemental. El esfuerzo de la natu­raleza.
La Fuerza, arcano 11. La vida asimilada referida a las formas naturales.
El sol, arcano 19. La existencia material expresándose en las formas.
En esta carta, el sol ilumina con sus rayos sobre dos niños que están desnudos. Estos niños son fluidos creadores. Detrás de los niños hay un cerco amurallado, que nos indica y avisa que todavía estamos en el mundo visible. El despertar del espíritu. La transición a lo espiritual. El cuerpo del hombre se renueva (digestión). La ascensión de la materia a Dios.

20-El juicio.
Vigésima letra hebraica (Resch).
Un ángel toca la trompeta en el cielo, en la tierra una tumba se abre y un hombre, una mujer y un niño juntan las manos adorándole. La cabeza del hombre y la renovación de las cosas. El regreso al mundo divino. El espíritu ya se conoce, la vida se renueva por su propio movimiento y aumenta la ascensión hacia Dios. La respiración.

21-El loco.
Vigesimoprimera letra hebraica (Schin).
Representada con un hombre bohemio, distraido y con un bonete, una alforja y un traje raído. En acción de caminar, un perro le muerde por detrás una pierna. Persigue una meta. Eliphas Lévi lo explica en estos versos:

“Sufrir es trabajar, es cumplir su tarea.
Desgraciado de los perezosos que duermen sobre el camino.
El dolor, como un perro, muerde los talones del cobarde, quien por un solo día perdido, sobrecarga su mañana.”

22-El mundo.
Vigesimasegunda letra hebraica (Thau).
Joven desnuda en el centro de un círculo elipsoide, en cada mano tiene una varita, las piernas las tiene cruzadas, como el ahorcado. En las esquinas de la lámina aparecen varios animales, en la derecha el hombre arriba y el toro abajo, en la izquierda el águila arriba y el león abajo. Representa el macrocosmos, Dios. Las cuatro esquinas representan los cuatro grandes símbolos del Tarot, los cuatro animales de los evangelistas. Esto supone que en todas las aplicaciones de esta lámina existen cuatro principios fijos (dado que los cuatro símbolos colocados en los ángulos no pueden girar), además de un cierto número de principios móviles figurados por la rueda (rota) que ocupa el centro de los símbolos.




Realizado el examen de los arcanos, Papus remata su expli-cación con un ensayo sobre la teogonía (el Tarot simboliza lo absoluto, lo Uno), los principales autores que se han ocupado del asunto (Wronky, Stanislas de Guaita) y la teogonía en las diversas religiones, la androgonía (cada hombre contiene un Adán, que es el cerebro, y una Eva, en el corazón como fuente de inteligencia, debiéndose equilibar corazón y cerebro para ser un centro de amor divino), y la cosmogonía (el Universo es el resultado de la participación de lo humano en los actos creadores de lo divino).

En la tercera parte, el Dr. Encause aborda las aplicaciones prácticas del Tarot, las relaciones que se dan entre los símbolos. Hay que juntar dos láminas, con el sentido que se les da propiamente y luego hallar la tercera, la suma de las anteriores, y formar entonces una serie de aforismos. Conjuga el Tarot con los símbolos astronómicos. Cada signo zodiacal y cada decanato se hallan gobernados por un planeta y nos habla de una obra del antiguo Egipto que resurgió de las llamas. Pueba que el origen de dicho sistema adivinatorio es oriental y refiere El libro de Thot (ya examinado en el primer capítulo). El nombre de este juego es egipcio sostiene; y su origen oriental se puede hallar también en el nombre. Tarot se halla compuesto del vo­cablo TAR, que quiere decir vía, camino, y de Ro, ROS, Rog, que significa REY, REAL; es pues, el camino real de la vida.
Concluye indicando que el Tarot se nos ha mostrado, precisa-mente, como la traducción egipciana del libro de la iniciación, partiendo de la Masonería y de las ciencias ocultas.  El Tarot tra-duce las combinaciones de IEVE, siendo el punto de partida de la adivinación y del conocimiento el nombre IOD HÉ VAU HÉ. La Sagrada palabra. 


No hay comentarios:

Publicar un comentario