LOS SUPREMOS
SUPERHÉROES Y CÓMICS EN EL RELATO HISPÁNICO CONTEMPORÁNEO
Editorial El Cuervo
Escribiste un texto acerca de tu relación con los superhéroes para la antología. Cuéntanos un poco acerca de esta experiencia, ya no como un mero fanático del género, sino como alguien que comparte una interpretación acerca de un producto cultural.
Hay todo un conjunto de dibujantes en los años setenta, como Jack Kirby, John Buscema, Gene Colan, Jim Steranko y tantos otros, que representaron en su momento no solo el mainstream en los cómics, sino también su vanguardia: los Moebius y Druillet americanos, pero produciendo de veinte a sesenta páginas al mes cada uno, estajanovismo en cuadernillos mensuales de doce centavos.
Más tarde, esa vanguardia se dará más bien en los guiones, con escritores como Alan Moore, Frank Miller antes de su deriva reaccionaria, Neil Gaiman, Grant Morrison, o los breves aciertos de Peter Milligan, Mark Millar y Warren Ellis antes de empezar a repetirse o de ser asimilados por un mainstream que ya no arriesga, ni de lejos, de la forma en que lo hacía en los setenta.
Es una situación que uno entiende, que uno razona más tarde: cuando yo leo esos cómics de niño y adolescente siento, sobre todo, fascinación, una fascinación que permanece ahora cuando los releo. Pienso por ejemplo en el Capitán América y Bucky luchando contra Hydra en un cementerio, a medio camino, un medio camino imposible, entre el tenebrismo barroco, el pathos del Laooconte y el pop art, o cuando accedo mucho más tarde a un material al que no llegué en su día, el Cuarto Mundo de Jack Kirby y toda esa odisea psicodélica entre el hippismo y las teorías de Erich von Däniken. Bueno, estos son algunos de los referentes que trato de analizar en mi contribución a Los supremos, centrándome en esos años setenta que te cito y que constituyeron un momento irrepetible, hoy hay que buscar esa vanguardia en otros géneros de la narrativa gráfica.

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